Carta abierta a los participantes del Conversatorio público en torno a la autogestión y la asociatividad en la música chilena reciente.


Carta abierta a los participantes del Conversatorio público en torno a la autogestión y la asociatividad en la música chilena reciente. Fundación Victor Jara. Martes 23 de octubre 2012. Convocatoria hecha por Pedro Pedreros y Sebastián Redolés.

"Ejes temáticos propuestos
¿Existe la necesidad de asociarse? ¿Con qué fines?
Existen dos tendencias de asociatividad que hemos constatado a lo largo de nuestra investigación. Quienes pretenden la asociación en tanto gremio u oficio de músicos que luchan por su dignidad como trabajadores del arte, buscando instalar el 20 por ciento de música nacional en las radios, mejoras en el trato con los locales nocturnos, etc. Por otra parte, quienes piensan en la asociatividad en tanto que para el mov. Social, vale decir, son aquellos músicos que se han brindado una orgánica que les permita actuar entre aquellos colectivos populares que luchan contra el sistema social y económico dominante.
¿Cómo proyectar esto, a partir del lugar común que nos posiciona a todos como músicos autogestionados? ¿Son excluyentes o inclusivas?"


                A modo de réplica, quisiera exponer en esta carta dos puntos que dada mi horrorosa verborrea quedaron absolutamente desarticulados en el aire, como dos manchas de grasa.
1.      Ante la pregunta convocante “¿Es necesaria la asociatividad entre músicos?” inicié mi participación en el conversatorio contando mi experiencia en colectivos y, entre balbuceos de tartamudo innato, quise explicar porqué he adherido a éstos. Van aquí las dos principales razones:

a)      Todo ser intuitivo puede detectar una gran cantidad de anomalías en “el mundo real”, anomalías que por su calibre me llevan a pensar que sólo un completo replanteamiento de dicho mundo podría dejarlas atrás. Es por eso que las demandas sobre las relaciones de tipo laboral con el poder del Estado y el poder de los medios, las imperfecciones del sistema educativo, el acceso a la vivienda y la salud, la representatividad parlamentaria, los porcentajes y condiciones en las relaciones comerciales o bien la regularización en temas como la previsión social o la administración de derechos, me parecen conflictos de suma importancia en su inmediatez pero que su urgencia no debe eclipsar el propósito principal que es el generar bocetos de una nueva sociedad donde los intereses que el poder emana se hayan desgastado definitivamente dando paso al interés por la felicidad humana. Hacer carne estos bocetos, dejarlos caminar mediante el ejercicio de la autogestión y la cooperación significa adoptar un nuevo sentido que, más allá de lo utópico romántico de su fin, obedece a la necesidad concreta de conformar un Nosotros movilizado. Se abren los viejos círculos tribales para dar forma a otros. Esto representa, al menos para mí, el único método de aprendizaje válido del cual se pueden extraer propuestas para estos bocetos.
b)      Un cáncer muy común entre los músicos es el ego. Se vive el síndrome de Estocolmo: mujeres y hombres secuestrados por el ego y a su vez sintiendo lástima por él. Si bien la sanación de éste se logra partiendo de un trabajo personal y autocrítico, el cultivo de la empatía y de la sencillez es de gran ayuda a la hora de quitarse el velo de la mismidad. Recojo de mi experiencia en los colectivos en que he participado la clara oportunidad de crecer en este sentido.

2.      Ante la pregunta planteada por Sebastián al cierre del conversatorio “¿En qué pié estamos los músicos con respecto a la efervescencia social que se ha vivido desde el 2011?”, aquí mi visión:

Sebastián planteó una escena “se arma una protesta, una toma, una marcha y rápidamente surge un escenario donde trovadores, cumbieros, rockeros o hiphoperos hacen gala de su compromiso”. Opiné entonces que muchas veces los músicos acudimos ahí a denunciar una injusticia sin saber muy bien lo que estamos defendiendo. A veces se busca entre otras cosas satisfacer el ego, sentirse justo, consciente, sin serlo ni estarlo. También el ego a veces nos impide escuchar con atención a otros músicos, darles la oportunidad de cautivarnos o al menos entender su propuesta. La figura del fan es otro residuo del culto al ego que no hace más que empobrecer tanto al uno como al otro, espectador y espectado, evitando que ambos puedan nutrirse sanamente y alcanzar su tamaño adulto, haciendo que se vuelvan idénticos y autocomplacientes. Todo esto que digo y que parece tan obvio pasa inodoro ante la gran cantidad de problemas que nos zampamos día a día. Pero el egoísmo sigue ahí, como un cáncer, fomentado de mil maneras. La sociedad en su conjunto descansa en una imagen distorsionada del yo. La lucha colectiva involucra entonces dinámicas que en definitiva funcionan como antioxidante, como ayudamemorias de nuestra humilde condición de imperfectos y amorosos y sombríos e iluminables.

Entonces, amigotes, al final del día mi respuesta es sí, estimo necesaria la asociatividad, en pro de tal o cuál objetivo grupal, pero sobretodo porque me parece una de las pocas instancias donde aún hay espacio real para la experiencia de trabajar libremente en la empatía. Los músicos estamos ante una página en blanco gigantesca donde, si somos honestos, podemos educar y abrir debates que trasciendan nuestro oficio y que contribuyan al desarrollo de una nueva fuerza social.

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