A propósito del Festival de la Canción Comprometida

A propósito del Festival de la Canción Comprometida

Ayer domingo toqué en la tercera noche de la decimoprimera versión del Festival de la Canción Comprometida. Fue mi quinta vez consecutiva en este peculiar certamen que se realiza desde el 2005 en el Sindicato Social y Cultural, en calle Maipú esquinando Compañía de Jesús, con el lema “Desde y con los trabajadores, siempre”. Esta iniciativa parte originalmente el año 1969 y termina en 1973, quedando suspendida en una tristeza sólida de la que es rescatada décadas después por las manos de Sergio Fuenzalida, Álvaro Carter, Richard Rojas, entre otros. Más allá de las cifras, quiero detenerme a repasar los significados que ha tenido para mí este encuentro.
Cronológicamente la cosa fue así:
·        2007. Participé con la canción “Democracia” (en el disco “Ronda de niños dientes de sable”) adjudicándome el primer lugar en la competencia.
·       2008. Participé en el show inicial como ganador del año anterior e invité a cantar conmigo a Vasti Michel, ganadora del festival el 2006.
·         2009. Participé en la competencia como músico de Caburga, con la canción “Chiapas” de Emilio Catalán.
·         2010. Participé como jurado y como invitado al show.
·         2011. Participé en el show final acompañado del set tribal que hoy por hoy me tiene ocupado y ensayando.
Dicho esto, quiero plantear lo siguiente:
Este festival se trata de entrecruzar las distintas apreciaciones de lo que cada uno de los creadores y colaboradores llama “canción comprometida”.

Es innegable que el Sindicato y todos quienes gestan y coordinan el Festival persiguen un ideal comunista férreo, sin embargo es innegable también que han abierto un espacio, en estos siete años, para múltiples propuestas (sobre todo estéticas) que confluyen casi inmediatamente en un solo lado de la balanza político-social, pero que se disparan en todas direcciones en el espacio lúdico-creativo. Como niños al fuego, todos se sienten llamados cuando se habla de “compromiso”. Hay premios en dinero a modo de incentivo que por cierto funcionan, pero obviamente no es ésta la principal motivación que he visto en la mayoría de los participantes. Hay búsqueda de reconocimiento también. Hay búsqueda de afiatar la autenticidad y el oficio escogido. Pero todas estas motivaciones seducen al ego y no es él quien participa.
Precisamente uno participa (se hace parte de un todo que algunos llaman el yo universal) con el fin de colaborar con algo que intuye mayúsculo, superior. Nadie tiene una idea clara sobre exactamente qué es. No es el Sindicato, pues los amigos son humildes y entusiastas facilitadores de herramientas. No es uno mismo, en su sentido más estricto, ni es el público que asiste durante estas tres jornadas anuales. Todos los artistas que se atreven a explorar en esta asamblea en formato torneo, tanto los primerizos como los reincidentes, desean que su punto de vista aporte a una comunidad más amplia, que trascienda la audiencia directa y estimule crítica y emoción en un público que quizás adolece de cuestionamientos en materias como justicia o solidaridad. Pero ni siquiera éste es el objetivo ulterior.
Me parece que se dibuja una meta en el hecho de que aquí hallamos un espacio psíquico y/o conceptual donde las autorías y las poéticas hacen su mayor contribución al crear un cuerpo único, aún sin articular en coherencia con algún propósito definido. Cuerpo del caos y la confusión que se abre paso entre el suero de lo conocido, de lo legible, de lo panfleto.
Cada canción que se plantea como comprometida, cada humano detrás, es una nueva interrogante sobre el oficioso destino del artista popular y por ende, una interrogante que tiene repercusiones en lo más húmedo y oscuro de la caverna en la que vivimos, ya que estamos juntos gracias a nuestra deteriorada capacidad de comprometernos.
Según mi experiencia, el compromiso está ahí, ya sea en el laboratorio o en la calle, cuando se intenta reformular el mito (entendido como la memoria virtual de un pueblo) y este cuerpo poético-sonoro al que más que buscarle articulación, hay que empujar violentamente al vacío.
Luego podremos encontrarle un sentido a todo esto, amigotes. Por ahora: fluidos.


+ info sobre el Festival en la página del Sindicato Social y Cultural:

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